
Para un país como el Perú, con una pasión ferviente por el deporte “rey”, resulta contradictorio estar acostumbrados a las derrotas en torneos internacionales como la Copa América o clasificatorias para el Mundial. Sin embargo, esto no siempre fue así.
Existió un momento en el fútbol peruano en el que, a pesar de la pobre calidad de la liga local, la selección absoluta se mostraba como un oasis. Bajo el mando de Ricardo Gareca y con una generación que terminaría siendo mundialista, se logró convertir la pasión del pueblo en resultados positivos, lo que llenaba de ilusión y alegría a una hinchada que siempre se mostró fiel al equipo

Lamentablemente, esos tiempos quedaron en el pasado. La selección nacional masculina tuvo dos directores técnicos diferentes, con cambios en la táctica de juego, el retiro de referentes e incluso problemas legales por parte del presidente de la federación y lo único constante ha sido una serie de resultados negativos y papelones que parecen relegar a la selección a no salir de ese vergonzoso décimo lugar.
Juan Reynoso y Jorge Fossati aparecieron como los encargados de encontrarle un nuevo rumbo a una selección peruana que enfrentaba a las clasificatorias sudamericanas más “accesibles” de la historia. Sin embargo, tras doce partidos: siete derrotas, cuatro empates y tan solo una victoria, pareciera que estas opciones “económicas” tomadas por Agustín Lozano no solo significaron una reducción en la masa salarial, sino también una debacle en el nivel mostrado por los seleccionados y en la recolección de puntos, con apenas cinco de veinticuatro posibles.

Esta sensación de incertidumbre parece prevalecer en el caos en el que se encuentra inmersa la selección peruana, lo que se refleja no solo en los resultados conseguidos, sino también en el accionar de sus entrenadores. Cambiar por completo un modelo de trabajo que había dado frutos y pasar de manera tan radical de un esquema táctico (4-3-3) a otro (3-5-2) sin la preparación adecuada, condujo a un mal funcionamiento grupal.
La falta de un proyecto de selección al mando de un director técnico versátil que sepa adaptarse a distintos tipos de juego, acorde a los rivales y a sabiendas del reducido universo de jugadores que posee el fútbol peruano nos recuerda una vez más otras problemáticas que arrastra nuestro sistema: el poco interés por los clubes peruanos en las canteras y la escasez de minutos a las jóvenes promesas del fútbol nacional.

Para nadie es una novedad que la selección siempre se ha envuelto en un aura de desorganización, algo que en los últimos años se ocultó bajo los increíbles resultados conseguidos por Ricardo Gareca. Sin embargo, en su ausencia, aquellas costuras de un mal proyecto a largo plazo se han vuelto mucho más evidentes, demostrando la poca seriedad con la que se maneja tanto la selección como el prestigio de los torneos en los que participa.
En la actualidad, a menos de dos meses del regreso de las eliminatorias para el Mundial 2026, la “bicolor” sigue a la deriva: sin director deportivo, sin técnico nacional y sin un rumbo claro sobre cuál será el plan a seguir. Existen rumores sobre la posible llegada Ángel Comizzo o Néstor Pekerman, pero lo único claro que tiene en mente la hinchada peruana es la incertidumbre, que nos mantiene a todos con una sola pregunta: ¿Cuál será el rumbo de la selección?
