
Desde hace 25 años, Horacio Rodríguez se despierta religiosamente a las cuatro de la mañana para dirigirse a la Plaza Mayor de Aguas Calientes. Allí, desayuna con sus colegas antes de empezar las largas jornadas que desempeña como guía turístico del santuario histórico de Machu Picchu.
En 1997, cuando tenía 24 años, inició el recorrido que le permitió aprender más sobre nuestro pasado incaico y conocer a personajes famosos del Perú y del extranjero. Su lugar de trabajo, las enigmáticas ruinas de una de las siete maravillas del mundo, actualmente está en peligro, debido a la constante erosión y el deterioro de sus edificaciones y la falta de un plan de conservación eficiente.

El miércoles 24 de agosto, Rodríguez, un amable guía turístico, se transformó en alguien enfurecido. Aquel día, los pobladores de Machu Picchu Pueblo, conocido como Aguas Calientes, salieron a protestar contra el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo. El motivo fue que pasaron una semana sin recibir una respuesta con respecto a la habilitación de mil entradas diarias para el acceso al recinto.
En la mañana de ese día, a las 5:00 a.m, una densa neblina cubría las montañas que rodeaban a Aguas Calientes. A esa hora, los turistas nacionales y extranjeros intentaron juntarse con sus guías para partir rumbo a la ciudadela. Sin embargo, ninguno estaba disponible. A las 5:30 a.m., los rayos del sol empezaban a disipar lentamente la bruma y los pobladores de Machu Picchu Pueblo salieron de sus casas. Estaba todo pactado: sería una gran marcha.
A las 5:40 a.m, casi todo el pueblo de Aguas Calientes estaba en la Plaza Mayor y se dividía en tres grupos: el Sindicato de Trabajadores del Mercado Moderno de Machu Picchu, la Asociación de Artesanos Productores de Machu Picchu y los guías turísticos. En esté último grupo se encontraba Horacio Rodríguez acompañando de sus colegas, listos para recorrer todo el pueblo hasta la entrada de Machu Picchu.
En la marcha
Aproximadamente a las 6:40 a.m, los líderes de la convocatoria usaron sus megáfonos para explicar las razones de la protesta: buscaban que el Estado habilitara los mil boletos diarios que se solían vender en Aguas Calientes. Una hora más tarde comenzó la marcha.

Los pobladores alzaron su voz de protesta con arengas como “Machu Picchu, amigo, el pueblo está contigo”, “si no hay solución, la huelga continúa” o “aquí, ahora y siempre, Machu Picchu”.
Como consecuencia del paro, se inhabilitó el traslado en buses de los turistas, lo que impidió a varias personas de la tercera edad llegar a Machu Picchu y quedarse un día más en el pueblo. Los más jóvenes y aventureros solo tenían la opción de caminar por más de una hora hasta llegar al santuario histórico, sin el apoyo de ningún guía.
Luego de seguir la marcha por unas cuantas cuadras, me acerqué a conversar con un hombre de estatura baja, de escaso pelo y que rondaba los 50 años. Tenía una mirada firme y convencida de su reclamo. Era Horacio Rodríguez, quien empezó a contarme las exigencias de los pobladores del lugar.
¿Por qué no se venden entradas en Aguas Calientes, pero sí en Cusco?
Mi compañero (en toda la entrevista me llama de esa manera), antes de la pandemia se vendían boletos aquí. Por obvias razones, el turismo se limitó a solo dos mil viajantes, pero poco a poco se empezó a aumentar el aforo en Aguas Calientes, lugar donde se vendían las entradas a turistas que no deseaban contratar una agencia de viaje. Todo iba desarrollándose progresivamente hasta que, hace como tres semanas, ya no se permitía la venta de entradas. Eso generó un gran malestar en la población de Machu Picchu Pueblo por no conocer las razones de lo sucedido.
¿Cuáles son los reclamos de esta protesta?
Hoy convocamos esta marcha porque estamos a favor de la venta de mil boletos diarios al santuario histórico de Machu Picchu desde la oficina del Ministerio de Cultura en la Plaza Mayor de Aguas Calientes. Con esto, buscamos una respuesta sustentada sobre la reactivación económica y turística tanto en Aguas Calientes como en Machu Picchu. Además, exigimos que se continúe con la construcción del hospital de Aguas Caliente que se ha paralizado desde hace dos semanas. Ese hospital es muy importante, porque aquí, pese a ser un lugar concurrido, no tenemos cómo atender emergencias.
La pandemia los habrá afectado considerablemente…
Otro guía turístico escuchó nuestra conversación en la marcha: “Sí, compañero, no te imaginas cómo lo hemos pasado: sin turismo, sin personas, no hay qué comer aquí. Por eso es necesario que se reactive la economía y el turismo en Machu Picchu”, enfatizó y continuó cantando a todo pulmón “¡Vamos pueblo, carajo, el pueblo no se rinde, carajo!”.
¿Cómo se fue reactivando económica y turísticamente Machu Picchu?
Antes de la pandemia, Aguas Calientes albergaba hasta ocho mil turistas diarios. De ellos, había miles que viajaban sin afiliarse a las agencias de turismo. A ellos, les llamamos “turistas libres” y aportaban en grandes cantidades a la economía de aquí. Como usted sabe, el turismo decayó por el temor a enfermarse de la covid-19. A finales del 2020, comenzamos con 2500 turistas. Actualmente, mediante un decreto supremo, el aforo aumentó a 4044. A pesar de eso, no cubre ni siquiera el cincuenta por ciento de la demanda turística de Aguas Calientes. Por esa razón, también protestamos por la reactivación económica y turística de la zona, pero los ministros de Cultura y de Comercio Exterior y Turismo no nos han ayudado.
¿Qué es lo que ustedes exigen a esos ministros?
La ministra de Cultura, Betsy Chávez, no conoce de implementaciones técnicas para el desarrollo sustentable de la actividad económica de Machu Picchu. Ella nos ha visitado una vez y nos prometió evaluar nuestra propuesta del aumento a 5040 el aforo de turistas y la habilitación de mil entradas para Aguas Calientes, pero su viceministra es quien no está de acuerdo. Aún seguimos esperando su respuesta y esta marcha es la manera de hacérselo saber. Por otro lado, el ministro Roberto Sánchez se encuentra un año y medio en su puesto, pero lamentablemente en ese tiempo no se ha visto un elemento técnico para la reactivación del turismo en Machu Picchu y en otras partes del Perú. “Nosotros no pararemos hasta una resolución ministerial a favor del incremento de mil pasajeros más y su venta en Aguas Calientes”, subraya.
¿Existe un oligopolio con respecto a las entradas a Machu Picchu?
Consideramos que sí, porque las agencias grandes de turismo acaparan casi la totalidad de las entradas al santuario, por lo que el turista está prácticamente obligado a contratar sus servicios. Por eso reclamamos la habilitación de esas entradas en Aguas Calientes: hubo casos de turistas que vienen aquí y tienen que esperar entre uno a tres días por una de las 70 entradas que se venden en la oficina del Ministerio de Cultura. Este maltrato a los turistas afecta nuestra reputación. Además, existe un oligopolio con las empresas ferroviarias, que también tientan a los viajantes a contratar las grandes agencias de turismo desde Cusco o Lima. Esa es la desidia que se vive a diario en Machu Picchu Pueblo.
De repente, Rodríguez tuvo que retirarse y se despidió rápidamente para continuar con la marcha junto a sus colegas.
Al final de la jornada, soy Edwin
El viernes 26 de agosto, mediante una Resolución Directoral, la ministra Betsy Chávez habilitó la venta de mil entradas en la boletería de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) de Cusco en Machu Picchu Pueblo. También se comprometió a la implementación de planes de conservación del santuario histórico.

Horacio Rodríguez se alegra de que se haya escuchado la voluntad de su pueblo, pero le preocupa la promesa de la conservación que lleva años discutiéndose, sin resultados contundentes. Luego de su jornada laboral, a las 4 de la tarde regresa a casa. Está cansado, pero accede a continuar la entrevista iniciada durante la marcha de hace unos días.
¿Cómo era el turismo por Machu Picchu cuando comenzó?
Machu Picchu era un desorden completo, un “turismo a la chacra”. Mucho antes de que se declarara patrimonio de la humanidad en 2007, no había caminos ni vías de tren para llegar aquí. A veces, uno tenía que venir andando por el Camino del Inca, una ruta de cuatro días.
¿Cómo es el turismo de ahora?
Desde que se declaró como patrimonio de la humanidad, Machu Picchu tuvo muchas mejoras en su infraestructura. Hubo mayor comercio, las calles eran más ordenadas y empezaban a convertirse en lo que es hoy en día: el centro turístico más importante del Perú.
Ahora con la entrada de 5040 turistas, la actividad económica y turística estará creciendo paulatinamente, ¿qué se espera respecto a la conservación de Machu Picchu?
Se debe cumplir las horas de entrada y de salida de los turistas, la creación de multas para aquellos que incumplan con el ingreso establecido en sus boletos y, principalmente, aforos limitados de máximo 2250 personas por día. Sin embargo, no se respeta eso e incluso entran casi el doble del aforo a diario.
¿No le parece contradictorio que se habiliten tantas entradas a Machu Picchu cuando está en peligro?
Sí, es cierto que Machu Picchu está en un constante deterioro. La habilitación de las entradas es una medida que buscamos para reactivar el turismo y, por ende, la economía de Aguas Calientes. Sin embargo, son los ministerios los que no presentan planes o medidas que puedan llevar a la par el turismo responsable con la conservación. De ese equilibrio hablo a los turistas desde hace años, pero las autoridades de Lima recién lo están tomando en cuenta.
¿Al haber tantos “turistas libres” no fomentaría la informalidad?
Así es, mi compañero. Acá vendemos esas mil entradas para los turistas libres, pero esta informalidad existe porque el turista que no viaja con agencia tiene mayor libertad cuando entra a Machu Picchu. Estas agencias se aseguran que los visitantes tengan su guía para que cumplan con la hora de entrada y de salida, que no toquen las piedras y no se queden mucho tiempo en un solo lugar, en cambio, un turista libre no tiene quien lo vigile y se quede más tiempo de la cuenta y no conoce las reglas a seguir ahí.
Rodríguez se estira y esboza un gesto afligido. Me comenta que tiene problemas de espalda y en sus rodillas de tanto caminar.
¿Esos problemas no lo detienen de su oficio?
Lastimosamente, sí. Los años pesan mucho. Ahora sufro problemas muy severos en la espalda y en las rodillas. Creo que el siguiente año me retiro y me dedico a lo académico.
¿Cuál es su mayor logro a nivel profesional?
Mi libro “Machupicchu y sus detalles: la nueva maravilla de ingeniería civil andina”. Me tomó nueve años escribirlo y está documentado en base a mis años de experiencia y estudio. Es fascinante que, pese a no tener la tecnología de ahora, los incas eran personas muy desarrolladas en la ingeniería civil, arquitectura y astronomía. También, me siento orgulloso de haber recibido el premio Q ENTE del 2012. Debido a mi experiencia, soy miembro licenciado del Colegio de Turismo: yo juramento a muchachos que han estudiado la carrera. Pero mi mayor logro ha sido que yo solo me he ganado mi reconocimiento mediante mi esfuerzo sin haber requerido a contactos o familiares como muchos otros en diferentes oficios. “Soy quien soy por mi esfuerzo”, señala
¿Algo que le disguste de la carrera?
Me apasiona ser guía turístico. Me he dedicado a esto por un cuarto de siglo. Demasiado diría yo. Fui uno de los primeros puestos de mi promoción de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Me dediqué al turismo de campo, pero no tanto en el estudio como tal. De mi promoción, yo soy el último que estudiará en la Escuela de Posgrado. Ahora mis compañeros serán mis profesores. “Pero, ¿acaso ellos me enseñarán algo que yo no sepa? Eso lo veremos”, remarca.
Por último, en todos estos años, ¿a qué gente famosa conoció o guio?
A muchos. Demasiados famosos nacionales y extranjeros. Me acuerdo de uno: Bryan Adams, un rockero canadiense. Cuando me lo presentaron no me dijeron quién era él. Pensé que era solo un turista más como cualquiera. Muy amable el tipo y muy atento a lo que le decía y preguntaba constantemente. Cuando ya estábamos saliendo, fue ahí cuando varias personas lo reconocieron y empezaron a pedirles fotos. Yo estaba anonadado.
También he conocido a dos personas muy influyentes: Keiko Fujimori y Bill Gates. A la primera la conocí cuando recién llevaba unos cuantos años como guía. Ella vino joven junto a su entonces enamorado Mark Vito Villanella. Yo la reconocí vagamente, pero no estaba seguro hasta que le pregunté su nombre. Me quedé impresionado. Luego de hablar con ella, me pidió que le explicara todo el camino en inglés. Hice lo que pude: mi inglés en ese momento no era bueno y lo aprendí ya en el campo y con los años. “Pero aún así, no fue suficiente. Esa anécdota me hizo darme cuenta que tenía que estudiar ese idioma y perfeccionarlo”, recuerda entre risas.
Con Bill Gates fue una gran casualidad. Recuerdo que estaba guiando a una turista peruana americana junto con su hijo estadounidense. Estábamos bajando de la Roca Sagrada y el niño reconoció a Bill Gates a unos cuantos metros de nosotros. Yo me acerqué y le pregunté si era Bill Gates y este me respondió con una gran sonrisa: “Yes, I am”. Le pregunté qué significaba Machu Picchu para él. Me respondió con una frase breve y contundente: “math and magic”. Le pedí una foto y él aceptó con gusto. La señora, el niño, yo y Bill Gates en el medio. De pronto, la policía y los guías se acercaron a nosotros y nos apartaron de él. Aún lo recuerdo muy bien, por ahí creo que tengo la foto, compañero.