
Falta menos de un mes para que se lleven a cabo las Elecciones Generales 2026, en las que toda la población peruana decidirá quiénes serán los que van a tomar la batuta política los próximos cinco años. Además de la clásica fórmula presidencial —compuesta por un presidente y dos vicepresidentes—, la bicameralidad congresal vuelve luego de 30 años. A ello se suma la elección del Parlamento Andino, configurando un panorama electoral amplio y complejo.
Tras la muerte del excandidato presidencial Napoleón Becerra, ocurrido el pasado domingo 15 de marzo en un viaje de carretera en la ruta Lima-Ayacucho, actualmente hay 35 postulantes en carrera. Muchos de ellos, sin embargo, no han logrado destacar en las encuestas, evidenciando bajos porcentajes de intención de voto y reflejando, una vez más, un ambiente de alta polarización política.
Este proceso electoral se perfila como uno de los más fragmentados en la historia reciente del Perú, lo que ha intensificado el debate sobre el futuro del país en distintos ámbitos de desarrollo. En este contexto, el rol de los jóvenes —especialmente aquellos que votarán por primera vez— adquiere especial relevancia. La Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju), a través del Observatorio Nacional de la Juventud, presentó el informe Generación 2026: Jóvenes votantes en las Elecciones Generales, elaborado con base en el padrón electoral del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec).
El documentó revela que 6 millones 892 mil jóvenes entre 18 y 29 años votarán el próximo 12 de abril de 2026, lo que equivale al 25,2% del padrón nacional. Es decir, uno de cada cuatro electores en el país es joven.
Estas cifras han cobrado relevancia para las organizaciones políticas al momento de formular y comunicar sus propuestas. Sin embargo, tras décadas marcadas por la corrupción y el debilitamiento institucional, la desesperanza persiste. Esto ya se advertía meses atrás, cuando la CEO de Datum Internacional, Urpi Torrado, alertó sobre un posible incremento del ausentismo electoral en un contexto donde los constantes escándalos generan una creciente apatía política en este grupo etario.
Dentro de este universo electoral, aproximadamente 2,5 millones de jóvenes peruanos acudirán por primera vez a votar. Muchos de ellos consumen información tanto de los medios tradicionales como digitales, lo que alimenta un debate interno constante que culminará el día del denominado “flash electoral”.
La coyuntura política peruana se ha caracterizado por su inestabilidad, incrementando la tensión y profundizando la decepción ciudadana. Mientras generaciones anteriores —baby boomers, generación X y millenials— han tendido a respaldar partidos tradicionales, esto ha generado mayor distanciamiento en la generación Z.
Esta última ha sido, durante años, más espectadora que protagonista del sistema político: con voz ocasional y voto limitado. Sin embargo, en las últimas semanas se ha evidenciado una mayor participación juvenil, tanto en redes sociales como en espacios cotidianos. Estas plataformas han funcionado como espacios de debate e información, especialmente en una sociedad donde las exigencias productivas reducen el tiempo disponible para la formación política.
A través de contenidos digitales, diversos creadores de contenido han difundido información sobre la trayectoria de los candidatos y sus partidos. No obstante, pese a la abundancia de datos, la apatía, la desconfianza y el rechazo hacia la clase política continúan en aumento. A medida que los votantes profundizan en los perfiles de los candidatos, los llamados “anticuchos” —o antecedentes cuestionables— terminan debilitando cualquier percepción positiva inicial.
Las próximas semanas se desarrollarán en un escenario altamente incierto. La intención de voto podría modificarse significativamente, o bien consolidarse en función de encuestas que, en muchos casos, terminan influyendo en la decisión del electorado. En este contexto, resulta clave mantener una vigilancia informativa constante, considerando que cada generación prioriza distintos ejes de desarrollo.
La generación Z, en particular, valora la autenticidad y transparencia en las organizaciones políticas. Asimismo, prioriza temas como la seguridad ciudadana, el acceso a oportunidades laborales y la necesidad de reformas estructurales, especialmente en la lucha contra la corrupción.
Si bien esta generación suele ser percibida como más emocional que pragmática, lo que podría generar incertidumbre en su comportamiento electoral, también existe una preocupación latente: la repetición de ciclos políticos fallidos, marcados por crisis, vacancias y escándalos de corrupción.
Resulta fácil persuadir a una parte del electorado joven, especialmente cuando no todos cuentan con herramientas sólidas de pensamiento crítico. Sin embargo, también es esperanzador observar que muchos de ellos muestran resistencia frente al populismo que ha influido en generaciones anteriores, alejándose de frases como “roba, pero hace obras”.
La política suele definirse como “el arte de lo posible”, y el Perú no es ajeno a esta lógica. Tras una serie de gobiernos que han obstaculizado el desarrollo del país, resulta indispensable reconstruir la confianza en las instituciones. Para ello será clave responder al escepticismo de la juventud, pues el peso de su decisión marcará el rumbo del país durante los próximos cinco años.
