
El pasado 03 de junio se estrenó en el Teatro La Plaza de Larcomar “Proyecto Ugaz», una obra escrita y protagonizada por las dramaturgas Rocío Limo y Vera Castaño, bajo la dirección de Diego Gargurevich. Concebida como un acto de denuncia y resistencia, la puesta en escena rinde homenaje a la labor periodística de Paola Ugaz, quien, junto con su colega Pedro Salinas, reveló una red de abusos físicos, sexuales, psicológicos y económicos al interior de la hoy disuelta organización católica Sodalicio de Vida Cristiana (SCV).

En el escenario se desarrollan dos líneas narrativas en paralelo: por un lado, se reconstruye el proceso de investigación que enfrentó al poder eclesiástico encabezado por Luis Figari -fundador del Sodalicio en 1971- y; por otro, se ficciona la intimidad de Ugaz, esa dimensión que está prohibida mostrar en entrevistas.
La convergencia de estos dos mundos da cabida a los embustes sin argumento alguno, que posicionan a Paola en un acoso masivo hacia su persona y su familia. Lavado de activos, comercialización de uranio y plutonio con la familia Vargas Llosa, y mentiras difundidas por los diarios La Razón y Expreso.
Lejos de una biografía tradicional, el montaje resalta su lado humano: el miedo, la vulnerabilidad y la maternidad. Las actrices no imitan a Ugaz: le prestan cuerpo y voz desde emociones como la ira, el agotamiento y la firmeza. Con el consentimiento de la periodista, se ficcionan aspectos de su vida personal, entre ellos una escena potente: la promesa que hace a su hija de quince años de que no morirá, a pesar de las amenazas constantes que recibe. Una primera que, en su contexto, suena tan desesperada como valiente.
El espacio escénico, casi desnudo, con tan solo una mesa y dos sillas, se transforma en sala de redacción, en tribunal, en hogar y en persecución aglutinante. La dirección opta por una estética sobria, donde la palabra, el gesto y el silencio cargan con el peso emocional. A través de proyecciones, fragmentos de audios y testimonios, se añade esta visión documental a la obra para exponer el carácter social y político, que invita a la interpretación personal del espectador con lo que está presenciando.

Hacia el final, la obra permitía imaginar un cierre imposible que cobra sentido a medida que avanza el montaje previo a su salida al público: el desmantelamiento definitivo del Sodalicio. Ya no fue solo un deseo propuesto en el guión, sino una posibilidad que se alimentó gracias al incansable trabajo periodístico de Paola luego de su encuentro con el Papa Francisco, quien disolvió esta organización luego de contrarrestar los hechos expuestos por Ugaz y Salinas.
Proyecto Ugaz no solo pone en escena un caso mediático, sino que interpela a la sociedad: ¿qué hacemos cuando se persigue a quienes buscan la verdad? En un país donde la justicia tambalea y la libertad de prensa se ve constantemente socavada por quienes han hecho del periodismo una parodia antes que una búsqueda rigurosa de la verdad, esta obra resulta necesaria y se establece con carácter de urgencia. Irónicamente, su temporada fue interrumpida por el terremoto que sacudió a Lima en el día del Padre y dañó la infraestructura del teatro. La cancelación temporal resuena como un símbolo involuntario del riesgo constante que enfrenta todo intento de desvelar la verdad en este país. Pero el teatro, así como el periodismo, siempre vuelve.