La seguridad económica: el nuevo proyecto de gestación de la Generación Z

Arte: Zarai Ocsa

Por años, la independencia temprana se veía como un rito de paso hacia la adultez. Conseguir trabajo, mudarse solo y construir un proyecto de vida propio eran metas casi naturales al terminar la universidad o incluso antes. Sin embargo, para la Generación Z peruana (jóvenes nacidos entre mediados de los noventa y los primeros años del 2010) la historia es distinta. Hoy, la independencia no es un punto de partida, sino un privilegio.

En Perú, el discurso oficial suele resaltar el crecimiento económico sostenido de las últimas décadas. Sin embargo, este “crecimiento económico” no se ha reflejado necesariamente en estabilidad para los jóvenes. Por el contrario, convivimos con una paradoja: mayor demanda laboral, pero empleos cada vez más precarizados. Contratos temporales, sueldos que apenas cubren lo básico, exigencia de experiencia previa incluso para puestos junior y una informalidad que supera el 70% en algunos sectores.

La Generación Z no le teme al trabajo; le teme a la inestabilidad. Y con razón. El alquiler de una habitación en distritos urbanos supera fácilmente el salario mínimo. La canasta básica aumenta, el precio del transporte público sube, los estudios de posgrado se encarecen. Así, la idea de emanciparse antes de los 25 años se vuelve casi inviable para la mayoría.

Esta realidad ha gestado un nuevo proyecto generacional: priorizar la seguridad económica antes que la independencia física. Permanecer más tiempo en casa de los padres ya no es sinónimo de inmadurez, sino de estrategia financiera. Ahorrar, emprender digitalmente, diversificar ingresos y buscar estabilidad antes de asumir gastos fijos se ha convertido en una decisión racional.

Pero también existe un costo emocional. La presión social aún insiste en medir el éxito por la autonomía temprana. Muchos jóvenes enfrentan frustración, ansiedad y una constante comparación con generaciones anteriores que, bajo contextos económicos distintos, pudieron independizarse antes.

Además, la mayor demanda laboral no necesariamente se traduce en mejores condiciones. La exigencia de productividad, habilidades digitales, idiomas, especializaciones y disponibilidad inmediata, pero se ofrece poca estabilidad. La Generación Z compite en un mercado saturado y cambiante, donde la meritocracia no siempre garantiza la movilidad social.

Frente a ello, la juventud peruana ha redefinido sus prioridades. Ya no se trata solo de “salir adelante”, sino de hacerlo con sostenibilidad. La seguridad económica se ha convertido en el nuevo sueño, incluso por encima del matrimonio o la adquisición temprana de vivienda.

Quizás, el verdadero debate no debería centrarse en por qué la Generación Z no se independiza antes, sino en qué condiciones estructurales lo dificultan. Si el crecimiento económico no se traduce en oportunidades reales para la juventud, entonces el problema no es generacional, sino sistémico.

La Generación Z no es menos ambiciosa; es más consciente. Ha entendido que, en el Perú de hoy, la independencia sin estabilidad puede convertirse en vulnerabilidad. Y en tiempos inciertos, elegir la seguridad no es retroceder: es sobrevivir estratégicamente.

Frida Guzmán

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional San Luis Gonzaga. Redactora periodística y creadora de contenido en el medio digital Departe.

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  • Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional San Luis Gonzaga. Redactora periodística y creadora de contenido en el medio digital Departe.

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