La propuesta de formalizar los taxis colectivos en Lima Metropolitana y Callao podría desencadenar una mayor contaminación sonora y visual.

La congestión vehicular en Lima genera retraso, estrés e incomodidad en la población, pero también podría causar un daño ambiental debido a la excesiva cantidad de autos existentes en la capital, afirmó Luis Quispe Candia, abogado especializado en tránsito y seguridad vial, además de director de la ONG Luz Ámbar.
El pasado 23 de febrero se llevó a cabo un Fórum Descentralizado para evaluar el proyecto de ley N° 4909/2022-CR presentado por los congresistas Segundo Montalvo y Waldemar Cerrón, que propone la modificatoria de la ley N° 31096 con la finalidad de incluir en la formalización a los taxis colectivos de Lima Metropolitana y Callao.
Esta medida ha sido muy cuestionada por diferentes expertos e instituciones, como la misma Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU), debido a las múltiples consecuencias que podría tener la aprobación de este proyecto.
De acuerdo con TomTom Traffic Index, recolector de datos autorizado sobre el tráfico en grandes ciudades del mundo, Lima es la quinta ciudad con mayor congestión vehicular en el mundo, y la segunda, después de Tailandia, con los peores conductores.
De acuerdo con Quispe, un gran porcentaje de la contaminación ambiental se debe a las fuentes móviles, es decir, a los automóviles. “El 70% de la ciudad se debe a los vehículos, que emiten gases tóxicos, sin importar si son vehículos a petróleo, gas, o gasolina”, indicó.
En días recientes, Cerrón se sumó a la iniciativa con la promesa de lograr la aprobación de este proyecto de ley, incluso por “insistencia”, hecho que, para la ATU empeoraría y retrasaría lo logrado en avances por un sistema integrado de transportes.
El uso de petróleo impacta directamente en la salud de las personas. “La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el diesel tenga 10 partes por millón de azufre como máximo, y en Perú tenemos un petróleo contaminante que emite hasta 50 partes por millón”, advirtió el abogado.
Esta situación no la ha podido regular el Estado ni la municipalidad de Lima, lo que puede tener graves consecuencias. “Hay estudios que indican que el plomo de la gasolina o estas partículas de azufre del petróleo no solo ingresan a la sangre, sino también al cerebro”, agregó Quispe.
A ello se suma la contaminación sonora que generan los ruidos de los motores, y, sobre todo, las bocinas de los autos que, de acuerdo con el abogado, se debe a la mala cultura de los conductores. “El oído humano solo debería aguantar hasta los 55 decibeles, pero el claxon alcanza hasta los 80 decibeles”, añadió.
Lamentablemente, en Lima el transporte urbano no ha sido desarrollado de manera integrada, y los datos así lo demuestran: de los 5000 buses de corredores complementarios que estaban planeados, solo 785 están en funcionamiento, y el Metropolitano solo transporta 550,000 personas diariamente.
Además, la línea 1 de metro, según Quispe, solo transporta alrededor de 600,000 personas, lo que, en una suma, generaría que solo se transporte en este sistema integrado aproximadamente 1 300,000 personas, lo que resulta en más de 18 millones de viajes en combis, cústeres, etc.
Para el abogado, la solución está en implementar buses eléctricos e híbridos, y generar un sistema de macro movilidad. “Hay más de 24,000 buses y combis en Lima, alrededor de 250,000 taxis en Perú, eso genera que las calles estén llenas y con una contaminación incontrolable”, comentó.