La permarexia: la enfermedad silenciosa normalizada por los cánones de belleza

Dietas rígidas y obsesión por medir las calorías de los alimentos son características que presentan las personas que padecen permarexia, un trastorno de conducta alimentaria no-especificado, que puede desencadenar trastornos alimenticios mucho más severos cómo la anorexia o la bulimia. 

Montaje fotográfico: Maricielo Rivera

Vivía todos los días midiendo obsesivamente las calorías de los alimentos que ingería. Cada vez que compraba un alimento, tenía la costumbre de revisar la etiqueta de valor nutricional y, luego, guiarse de la información que encontraba en internet. Fijó una meta: no consumir más de mil calorías diarias. Y cuanto menos, mejor. Ella lo celebraba. Su mayor preocupación era cumplir con el régimen alimenticio que se había impuesto. 

“Laura Sánchez” (22), seudónimo que usaremos para proteger la identidad de nuestra fuente, es una joven universitaria de la carrera de Periodismo que fue diagnosticada con anorexia en el 2021. Hasta entonces, presentaba todos los síntomas de una persona con permarexia, un pre-trastorno alimenticio, que puede desencadenar trastornos más graves como la anorexia o la bulimia. 

El último año de su vida, marcado por el estrés de medir rigurosamente sus calorías, logró ver algunos cambios en su cuerpo. Sin embargo, no satisfecha con los resultados, realizaba ejercicio físico seis veces a la semana, sin importar cualquier tipo de malestar, ya sean cólicos menstruales o náuseas. Nada la detenía. Los constantes mareos, que luego derivaron en desmayos, fueron el detonante para que decidiera pedir ayuda. 

La permarexia es muy similar a la anorexia, pero “la diferencia está en que el paciente con permarexia se obsesiona por el etiquetado y la ingesta adecuada de alimentos, mientras que en la anorexia tienes conductas completamente restrictivas y puedes llegar a no comer nada” explica Teresa Laya, psicóloga de trastornos de conducta alimentaria del Centro Codex Formación & Psicología.

Imagen referencial de una persona utilizando una app que lee los códigos de barra de los alimentos. Foto: AARP organización estadounidense.

En tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la anorexia como un trastorno de conducta alimentaria (TCA) que se caracteriza por alteraciones en la dieta, preocupación por los alimentos a consumir y graves problemas de peso corporal. El peor escenario para los pacientes anoréxicos es que crucen límites indeseables que puedan causar la muerte. “Puede haber compromiso cardíaco, gastrointestinal u hormonal y estos pueden llevar a una muerte súbita”, explica Ana María Morales, endocrinóloga del Hospital EsSalud Angamos.

La llegada de la pandemia de la Covid-19 marcó un punto de inflexión en el estilo de vida de la población mundial. En el caso de Laura, además del confinamiento, el aislamiento social y la preocupación por sus familiares enfermos afectaron su estilo alimenticio. Antes de la pandemia, llevaba un estilo de vida sedentario: no hacía ejercicio y no restringía su dieta. “La preocupación por mi peso era mínima, pero esto cambió en el 2020, cuando empecé a sentirme insatisfecha con mi cuerpo”, cuenta. 

Dejó los carbohidratos, redujo las porciones de sus alimentos e, incluso, optó por no comer frutas, ya que para ella sobrepasaban los niveles de azúcar recomendados. Ella sentía que tenía control sobre su cuerpo, lo que la hacía sentir realmente bien, pero a su vez, esto la llevó a aislarse, sobre todo cuando se trataba de comer porque quería estar alejada de toda tentación que la pudiera hacer romper la dieta.

“Repercutió bastante en cuanto a la relación con mi familia. En fechas especiales, como mi cumpleaños, no lo celebré con una torta y en Navidad, no me permití cenar con mi familia”, revela. Esto hasta ahora la hace sentir triste, ya que se dio cuenta de lo mucho que repercutió el tipo de mentalidad que tenía en ese entonces.

Silvia Salazar, Psicóloga del I Programa de Trastornos de Conducta Alimentaria del Instituto de Salud Mental «Honorio Delgado- Hideyo Noguchi», señala que durante la pandemia y posterior a ella, se produjo un incremento en los casos atendidos de trastornos de conducta alimentaria, sobre todo los de anorexia. “Por mes, atendimos un promedio de 15 a 20 casos nuevos y al programa ingresaron 20 casos más”. 

“Pero si antes predominaban los casos en adolescentes y adultos, hoy en día de 10 casos de problemas alimentarios, mínimo tres son de niñas púberes entre los 9 y 12 años. Es decir, los trastornos ya se están presentando a más temprana edad”, agrega. 

El Programa de Trastornos de Conducta Alimentaria del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, adscrito al Ministerio de Salud del Perú (MINSA), vela por las pacientes que ya han desencadenado el problema alimenticio. “Llegan con un índice de masa corporal de 13 %, por lo que necesitan ser hospitalizadas, o un índice de 16 %, que les permite entrar al programa”, menciona Salazar. 

Según la agencia nacional de salud pública de Estados Unidos, Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, si el índice de masa corporal (IMC) es menor a 18.5, se encuentra dentro del rango de peso insuficiente. Lo ideal es que este esté entre 18.5 y 24.9, para que se considere dentro del rango de peso normal o saludable.

Hasta la actualidad, en el Perú no se ha diagnosticado ningún caso de permarexia, lo que indica un problema de normalización de actitudes y síntomas de esta condición previa que puede desencadenar en un trastorno de conducta alimentaria.

“La permarexia es una alerta importante al desarrollo futuro de trastornos de conducta alimentaria, porque muchas veces, cuando quieres dejar el problema alimenticio, sientes que te traicionas. Incluso puedes llegar a creer que al normalizar tu ingesta de alimentos dejas de ser tú”, explica Laya, psicóloga de TCA. 

“Por ejemplo, en el caso de los adolescentes, grupo que presenta un mayor índice de 7 % a 11 % en TCA, a pesar de que las actitudes y los síntomas relacionados a una disminución evidente de la baja de peso sea visible, las personas a su cargo no los orientan a que asistan a una consulta médica hasta que ya el problema alimenticio avanzó”, explica el Jefe del área de psiquiatría del Centro Médico Naval, David Haro.

“A esto se le conoce como “condición de abandono de personas en riesgo”, es decir, esperan a que el problema alimenticio avance para recién llevarlos a tratamiento. Esto afecta y disminuye en gran medida la data referida a las personas que están entrando a una patología o pre-trastorno alimenticio, como la permarexia”, añade.

“Atracones” de comida, una de las consecuencias de la permarexia

Imagen referencial del trastorno por atracón, que se caracteriza por episodios de grandes ingestas de comida de manera compulsiva, incontrolable y recurrente. Foto: Psicología – Online.

El despertar era sentirse ansiosa. No podía siquiera abrir los ojos y pensar que tenía que desayunar. Tenía miedo a dar ese primer bocado del día, que la llevaba a querer comer más y más. “Me controlaba, pero tenía que luchar, porque mi cuerpo me pedía comer mucho más”, cuenta Nahomi.

Nahomi es otra joven universitaria de 24 años. “La vida era muy difícil. Sobre todo, cuando te das cuenta de que bajas de peso y que hay personas que te halagan por eso”, enfatiza. 

Cuando rompía la dieta se daba “atracones” de comida. “Me levantaba en la madrugada porque se me antojaba algo y no podía parar. Seguía comiendo mientras lloraba, porque ya no tenía control. Cuando esto pasaba, a veces vomitaba”, cuenta. 

Al respecto, Angela Gómez, nutricionista en ‘Alimentación y Equilibrio’, indica que un paciente puede desarrollar bulimia si empieza a mostrar conductas compensatorias luego de tener un “atracón”, es decir, un momento de antojo desmedido de cualquier comida que considere tóxica para su organismo y, más adelante, lo obligue a vomitar o purgarse. 

La insatisfacción corporal como consecuencia de las influencias sociales y estereotipos

La permarexia se da con mayor incidencia en mujeres. La razón del por qué es menos frecuente en hombres se desconoce, pero según Gómez “se piensa que es debido a que las mujeres sienten una mayor disconformidad con su cuerpo, a raíz de los estándares de belleza”.

Los comentarios que realizaban las personas cercanas al entorno de Laura, fueron la principal motivación para que ella decidiera cambiar su aspecto físico con la falsa idea de mejorar. Pero no solo fueron los que surgieron en el 2020, pues estos ya venían de años atrás. “Me afectaron los comentarios que sufrí durante mi infancia y adolescencia. Quedaron marcados en mí, a pesar de estar más grande”, menciona. 

La nutricionista Gómez señala que muchos de los pacientes que llegan a consulta, con algún indicio de trastorno alimentario, han tenido mamás o papás que hacían dietas muy estrictas. “Los niños son como esponjitas: absorben y copian este tipo de conductas”, resalta. 

Asimismo, cuenta que muchos de los padres llegan a la consulta y comentan: “Yo no sé qué pasó. No sé cómo mi hija llegó a este punto”.  Y cuando los pacientes empiezan a soltarse, le cuentan que cuando eran más jóvenes, sus padres u otros familiares, los molestaban por la forma en la que lucían y comían. “Ay, si fueras flaquita, serías bonita”. Este comentario es letal para las niñas, enfatiza. 

Emocionalmente inestable y embargada por los pensamientos negativos, a menudo trataba de autolesionarse. Nahomi buscaba acabar con su vida. Solo comía dos veces al día: almuerzo y cena, en pequeñas raciones. Y en las mañanas, acostumbraba a tomar kión porque sentía que purgaba su organismo y la ayudaba a lucir más delgada. 

Al igual que Laura, la permarexia fue el resultado de comentarios que Nahomi sufrió contra su cuerpo durante su etapa escolar y dentro de su círculo familiar. “Las niñas no deben terminar toda la comida, tienen que dejar algo” fue el comentario que más la marcó. 

“Hasta ahora siempre dejo un poco de comida, pero no porque ya no tenga hambre, sino porque inconscientemente se me hizo costumbre”, explica.

Las redes sociales, una fosa de los leones

Influencers‘ de la vida sana. Foto: Sportlife.

Un estudio realizado por JAMA Pediatrics, llamado ‘Global Proportion of Disordered Eating in Children and Adolescents’, reveló que más del 20% de los niños y adolescentes sufren de trastornos alimentarios en el mundo, pero que la proporción es mayor entre las niñas, y que las cifras se dispararon en los últimos años, de la mano de un mayor uso de las redes sociales.

Las redes sociales, durante la pandemia, se han convertido en la “fosa de los leones” para el cultivo de los trastornos de conducta alimentaria: “cuerpos esculturales exhibiéndose, mensajes evocando la necesidad de hacer ejercicio y llevar dietas rigurosas, son parte del día a día de muchos influencers o artistas que se dedican a vender contenido sin tener conocimientos sobre el tema”, menciona Dalia Martínez, nutricionista en el Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (Serums).

Una de las herramientas para Laura, cuando sentía que la dieta que realizaba ya no surtía efecto, fueron las redes sociales. “Buscaba respuestas en vídeos de Instagram, YouTube o blogs para saber qué hacer y seguir viendo cambios en mi físico”, cuenta. 

En el caso de Nahomi, ella utilizaba sus redes sociales para mostrar los cambios en su figura y recibir los famosos ‘me gusta’. “Me tomaba fotos cuando me percibía linda, en el sentido de que me sentía delgada y sabía que recibiría la aprobación de mi entorno social”, revela.

“Las redes sociales han influido exponencialmente, sobre todo en quienes son más vulnerables a obsesionarse. Presentan temor al rechazo y están sobreexpuestas a ellas», menciona Rosario Solis, psicóloga clínica en el Instituto de Salud Mental «Honorio Delgado- Hideyo Noguchi».

Tratamientos existentes para los TCA

El psiquiatra Haro, señala que el tratamiento de trastornos de conducta alimentaria, comprende un enfoque multidisciplinario, en el que participan psicólogos especializados en TCA; psiquiatras, que puedan garantizar psicofármacos que puedan controlar esos pensamientos, y por tanto, las repercusiones conductuales comportamentales y emocionales de la paciente; nutricionistas; y agentes comunitarios que estén cerca a la familia. 

Laura no sintió que el tratamiento fuera del todo eficiente en ella. La psicóloga que le asignaron, no le dio las herramientas necesarias para sobrellevar bien su proceso, por lo que decidió abandonarlo en menos de un mes. “No me dio los mecanismos que pensé que me daría, quizá porque no era especializada en el tema de trastornos alimenticios”, cuenta. 

En lo nutricional, logró llevar una mejor alimentación: aumentó el número de calorías que consumía e incluyó alimentos que se había venido restringiendo. Sin embargo, también decidió cortarlo al poco tiempo, debido a que no tenía el apoyo psicológico adecuado. No supo sobrellevar el saber que estaba incrementando el número de calorías que consumía. Finalmente, optó por llevar su proceso de recuperación de manera independiente y considera que lo logró. 

A diferencia de Nahomi, que, si bien solo contó con terapia psicológica, esta fue de ayuda suficiente para que lograra vencer la permarexia. “Me di cuenta de que todo es psicológico. En ese entonces, yo era más delgada y, en mi cabeza, estaba gorda. Ahora me veo y me siento bien, a pesar de no estar tan delgada como antes. Entendí que tenía una distorsión de mi cuerpo”, cuenta. 

Tanto Laura como Nahomi, contaron con el apoyo de familiares y personas cercanas, que las ayudaron a acudir a los especialistas encargados de su recuperación. En Laura, la permarexia desencadenó en un trastorno alimentario mucho más severo como la anorexia. A diferencia de Nahomi, que, con fortuna a pesar de haber pasado cuatro años desde que empezó con estos síntomas, la permarexia no repercutió en un trastorno más complicado. 

La detección temprana de un signo de desorden alimentario como la permarexia, puede evitar que el paciente llegue a desarrollar trastornos más peligrosos (anorexia o bulimia), que se encuentran entre las afecciones psiquiátricas más mortales de todas.

“Se debe tener cuidado con los pacientes que asisten a consultas nutricionales y hacen comentarios de tipo obsesivos compulsivos con respecto a verse mejor o eliminar alimentos, simplemente porque no les parecen buenos. Se les tiene que hacer una especie de interrogatorio para identificar el problema”, concluye la nutricionista Gómez. 

Salma Cruzado

Estudiante de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Directora Ejecutiva, redactora periodística, comunicadora y fotógrafa en Departe.

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  • Estudiante de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Directora Ejecutiva, redactora periodística, comunicadora y fotógrafa en Departe.

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