Eloy Marchán: “En Caretas aprendí que el mejor producto periodístico es el que toma más tiempo en ser elaborado”

Arte: Zarai Ocsa

Con 37 años, no concibe al periodismo como una carrera cómoda o fácil. Lo aprendió entre la lectura de periódicos usados en el Mercado de Frutas de La Victoria, horas bajo el sol esperando a una fuente, y lo confirmó en las redacciones más exigentes como Caretas y Hildebrandt en sus trece. Para Eloy Marchán, actual director del medio digital El Foco,  salir  a la calle y “oler” la noticia es lo que le da sentido a su oficio. Con más de 15 años de trayectoria, tiene las cosas claras: el periodismo no es para agradar, sino para incomodar, incluso a los que son tus amigos. 

Montaje. Eloy Marchán entre sus dos escuelas periodísticas.

Entre la bulla constante y los gritos de los vendedores que se mezclaban en el Mercado Modelo de Frutas de La Victoria, Eloy llegaba cada tarde al puesto de su abuela. Ahí, entre las cajas y los plátanos, tenía la tarea de envolver la fruta en periódicos para que maduren más rápido. No obstante, para él, esos papeles no eran solo un objeto de trabajo: eran una puerta hacia el aprendizaje. 

Mientras sus manos cubrían los plátanos, sus ojos iban directamente a los titulares, las fotos y las historias que cada página  contaba. Lo que en un inicio empezó como una simple distracción se convirtió en una costumbre. En ese espacio, fue creando un vínculo con las noticias. Con el tiempo este simple hábito de lectura dejó de ser casual, pues se transformó en interés, y, finalmente, en una vocación. Por ello, decidió estudiar Comunicaciones en la Universidad de Lima.

Aquello que inició entre periódicos y plátanos terminó por definir el camino que seguiría en su vida. Eloy no eligió el periodismo de un día para otro, fue un camino que se construyó al pasar los años. De esa manera, fue moldeando su trayectoria en redacciones complejas y exigentes como la revista Caretas, y Hildebrandt en sus trece, que lo prepararon para fundar un medio.

El Foco: un proyecto que no estaba en sus planes

Foto de El Foco, 2020. El equipo fundador de El Foco: Eloy Marchán, Alonso Zambrano, Fiorella Cubas, Fabiola Granda, Fernando Pinzás y Carlos Espinoza

— Desde que empezaste a trabajar, ¿alguna vez pensaste en tener un medio propio? 

— Cuando salí de la Universidad de Lima, yo quise dedicarme al periodismo de investigación, pues esa siempre fue mi línea de carrera. En ningún momento por mi mente pasó tener un medio. Esto se debe a que en todos los lugares que he trabajado he tenido un techo: ser reportero. En Caretas el director era Enrique Zileri y detrás de él había más personas hasta llegar a un reportero. Después, en 2014, salgo de Caretas y César Hildebrandt me llama para entrar a su semanario. Ahí el director era César y la directora general era su esposa Rebecca. Entonces, siempre supe que a lo máximo que podía aspirar era a ser reportero.

— ¿Cómo nació la idea de fundar tu medio propio?

— En un momento llegué a un punto en el que me cansé del periodismo. Necesitaba una pausa urgente. Así que busqué salir de H13. La mejor forma de dejar el semanario sin generar un conflicto era decir que me iba a estudiar. De esa manera, en 2019 me fui a España a estudiar una maestría en Teoría Política en la Complutense de Madrid durante un año. En ese tiempo existían muchos medios digitales, pero lo interesante de estos es que funcionaban a través de comunidades y suscripciones. Logré acabar mi maestría, pero justo llegó la pandemia, por lo que tuve que volver a Perú. 

***

El corazón de Eloy le decía que se quede en España para seguir estudiando, pero su situación económica marcaba otro rumbo. De regreso al Perú, se encontró con un panorama complicado, pues quería trabajar en el semanario de Hildebrandt, pero este estaba al borde del cierre. Entonces, con todo el aprendizaje que obtuvo en España sobre los medios digitales, empezó a moverse en búsqueda de información para entender el contexto peruano. 

Tanteó el terreno y se dio cuenta de que ya no se necesitaban grandes sumas de dinero para formar su propio medio. Primero se reencontró con Carlos, un amigo del colegio recién despedido de Publimetro, y juntos comenzaron a crear el proyecto. Sin embargo, pronto entendió que necesitaba algo más que una iniciativa individual: requería de un equipo.

A través de contactos fue sumando personas. Conoció a Alonso Zambrano tras haberlo entrevistado tiempo atrás; a Fernando Pinzás lo ubicaba desde la universidad; a Fiorella Cubas la había visto en el entorno del periodismo político; y Fabiola Granda llegó por recomendación. 

Cuando finalmente los reunió, la propuesta fue directa: apostar por un medio sin garantías económicas. Les advirtió que, por lo menos durante un año, no habría ingresos. Aun así, todos aceptaron. Cada uno asumió un rol: administración, fotografía, desarrollo web, reportería. Así, con un equipo joven, diverso y sin grandes recursos, nació El Foco en 2020, un proyecto construido desde la incertidumbre y la voluntad de hacer un periodismo distinto.

— ¿En qué momento El Foco empezó a volverse verdaderamente rentable? 

— Cuando lanzamos El Foco, apostamos por un sistema de Patreon, en el que las personas podían suscribirse o donar, imitando en parte lo que hacía Marco Sifuentes con La Encerrona. Ahí empezamos a generar algunos ingresos, aunque también conseguimos algunos proyectos que, a veces, no eran suficientes. Por eso, en el segundo año del medio, varios decidimos buscar otros trabajos y dejar el proyecto en segundo plano. Por mi lado, regresé al semanario porque César había logrado estabilizarse y me llamó. Acepté volver, porque con César siempre nos entendimos bien, pero le dejé claro que ya tenía un hijo y que El Foco era mi prioridad. Con el pasar del tiempo, incluso llegué a pensar en cerrar el proyecto por falta de fondos. Pero con el grupo decidimos que ya no podía seguir siendo una apuesta de medio tiempo. Empezamos a buscar financiamiento con más insistencia. Hoy tenemos proyectos con la Embajada de Francia y SembraMedia, y el medio ha crecido lo suficiente como para sostenerse. 

— ¿En algún momento tuviste problemas para decidir si una noticia iba para H13 o para El Foco?

— En realidad, no. Más que un problema, para mí es un tema de análisis. Evalúo qué tipo de contenido puede ir para cada público. Sé que el semanario de Hildebrandt y El Foco son espacios diferentes. Hay notas que pueden funcionar mejor en uno, y con el tiempo ese criterio fue mejorando. Por eso, nunca he tenido conflicto. Además, César sabe que manejo bien esas diferencias. Incluso, trato de ser transparente con algunas fuentes al preguntarles para qué medio quieren que publique la información. Para mí trabajar en ambos espacios es un proceso de aprendizaje. 

 

 La llegada a su escuela periodística: Caretas 

 

Siempre hablas de tu paso por Caretas, ¿trabajaste en algún otro lugar antes de llegar a la revista? 

—Mi primer trabajo fue en IPYS, por recomendación de Santiago Pedraglio. En este lugar fue mi primer contacto con el periodismo de investigación. Una de mis funciones era revisar a los postulantes del COLPIN, un premio para el periodismo de investigación en América Latina que me abrió la mente. Luego fui asistente del periodista de investigación Orazio Potestá. Cerca de él nació una promoción que tenía el “chip” de Caretas, pues Orazio se había formado allí. El primero de esa promoción en entrar a dicho medio fue Alex Riestra, pero se quedó poco tiempo. Cuando se fue, me recomendó con Enrique Chávez.

Su llegada a Caretas en 2011 fue repentina y poco planificada. Pasó de un ambiente en el que recibía un sueldo a otro en el que no tenía ninguna garantía ni ingresos. Lo único que le ofrecían era la posibilidad de aprender. Sin embargo, desde el inicio lo tenía claro: no iba a ganar dinero, pero podría estar en el lugar en el que siempre quiso formarse. Así empezó su trayectoria en la revista que, en un futuro, consideraría su escuela periodística. Su deseo por aprender, por entender cómo se construye una noticia desde adentro, pesaba más que cualquier otra necesidad. 

¿Qué periodistas de Caretas influyeron en tu forma de entender el periodismo?

— Aprendí de Marcelino Aparicio y Enrique Chávez. De ellos entendí el valor de lo que es una noticia y el valor que tiene una prueba factual. Durante los cuatro años (2011- 2014) que estuve en Caretas, me propuse absorber todo lo que pudiera del medio. De alguna manera, lo que soy hoy se debe a una semilla que allí se sembró. Incluso el enfoque gráfico que desarrollo en El Foco tiene su origen en la apuesta visual de Caretas. Como salía semanalmente, aprendí que el mejor producto periodístico es el que toma más tiempo en ser elaborado, pues tiene una mejor calidad. Por ello, siempre he huido del periodismo de inmediatez. Considero que el periodismo debe tomar tiempo, trascender, golpear e incomodar al poder. En el fondo, el periodismo es un trabajo artesanal que toma tiempo. Como dice la revista Contexto y Acción de España: “Orgullosos de llegar tarde a las últimas noticias”. 

¿Llegaste a trabajar de la mano del legendario periodista Enrique Zileri?

— Pude hablar con Enrique un par de veces. De él aprendí que para ser periodista hay que amar profundamente esta profesión. Si no te gusta leer, soportar presiones y estar en constante aprendizaje, simplemente no vas a poder ejercerla. En esta carrera no se gana dinero: la paga suele ser baja y, además, siempre está el riesgo de ser “cancelado”. A mí me ha pasado más de una vez. Muchas veces he pensado en dejarlo, pero aquí sigo.

 

La necesidad de seguir reporteando en la calle

 

Si su medio es sostenible, ¿por qué sigue trabajando como reportero para Hildebrandt en sus trece

— Tranquilamente podría vivir de que me entrevisten otras personas, pero todavía necesito seguir siendo reportero. En El Foco soy el director, pero en H13 soy un reportero de prensa más, y eso me sigue entusiasmando porque el periodismo que yo hago es el que César Hildebrandt me enseñó: el de conseguir fuentes, primicias, documentos e información. Todo esto viene, también, por algo que decía el mismo Enrique Zileri: a veces hay que “oler la calle”. 

En 2012, Eloy revisaba las noticias cuando ocurrió el cierre de La Parada, durante la gestión de Susana Villarán. Mientras las calles se desbordaban de caos, Enrique Zileri, director de Caretas, decidió salir a reportear lo que estaba pasando. A pesar de ser una figura reconocida a nivel nacional e internacional, seguía sintiendo la necesidad de cubrir personalmente los hechos que le interesaban. Esa anécdota quedó marcada en la memoria de Eloy. En ese gesto entendió que el periodismo no se puede hacer únicamente desde una oficina.

Eres conocido por hacer  “periodismo de periodistas”. ¿Por qué lo consideras importante? 

— En el periodismo hay que velar por el interés público y, al mismo tiempo, incomodar a los más poderosos. Entonces, los periodistas también ejercemos cierto poder, al igual que los dueños de medios de comunicación. Si fiscalizamos a líderes sindicales o a políticos con poder, también debemos fiscalizar a los periodistas y a los dueños de medios. Para algunos es incómodo hacerlo porque implica molestar o enfrentarse con colegas, pero yo asumo las consecuencias de contar la verdad. El periodismo tiene que investigar el poder, sea formal, informal, sindical, político, económico o mediático.

Eloy deja marcada su postura en una anécdota ocurrida durante una emisión de Beo Noticias, un noticiero digital transmitido en el canal de YouTube de La Roro Network. Ahí lanzó una crítica directa, pues cuestionó que Paolo Benza había recibido dinero de la franja electoral por parte de la ONPE. No era un comentario al paso, sino un señalamiento que apuntaba al rol de los periodistas frente al poder. 

La reacción no demoró en llegar. Benza llamó al programa y respondió a la acusación, pero giró la discusión hacia Eloy. Lo acusó de no pagar adecuadamente a sus trabajadores en El Foco. El intercambio dejó de ser un análisis para convertirse en un choque frontal. En ese cruce, más allá de quién tenía razón, se hizo visible una idea que Eloy sostiene desde hace años: el periodismo no puede protegerse a sí mismo. 

Para él, los periodistas no son figuras neutrales ni ajenas al poder. Tienen influencia en las personas, ya que construyen narrativas, deciden qué se publica y qué se omite. Y en esa capacidad también hay poder. Por eso, insiste, deben ser sometidos al mismo nivel de fiscalización que cualquier político o funcionario. Esa postura no nace de un episodio aislado, sino de una convicción que fue construyendo con el tiempo. A partir de su propia experiencia en redacciones, entendió que el periodismo no puede “casarse” con nadie. Ni con fuentes, ni con instituciones, ni siquiera con sus propios colegas. La ética debe estar siempre con el interés público. Y eso implica, muchas veces, incomodar a quienes comparten el mismo oficio.

2025. Eloy Marchán discutiendo con Paolo Benza a través de X por el caso de Fernando Pinzás.

Rodrigo Vertiz

Estudiante de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Anteriormente, colaboró en la creación de contenido para la página A LOS 90' OFICIAL. Actualmente, se desempeña como redactor periodístico, fotoperiodista y conductor frente a cámaras en el medio digital Departe.

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  • Estudiante de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Anteriormente, colaboró en la creación de contenido para la página A LOS 90' OFICIAL. Actualmente, se desempeña como redactor periodístico, fotoperiodista y conductor frente a cámaras en el medio digital Departe.

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