El hallazgo de niveles excesivos de pesticidas en la cáscara de piña vendida en mercados de Lima ha generado preocupación por la falta de control en el uso los agroquímicos en los alimentos en Perú.


Un estudio realizado por el laboratorio Mérieux Nutrisciences reveló que los residuos de pesticidas en las piñas superan hasta en 7600% los límites permitidos, incluyendo sustancias prohibidas en Perú como el clorpirifos. Este caso se suma a un informe de noviembre de 2024 que detectó pesticidas en fresas comercializadas en mercados de Lima y Callao, con niveles hasta 13 veces superiores a los establecidos.
Entre los agroquímicos identificados en las piñas se encuentran el dimetoato, un pesticida prohibido en Europa por sus efectos neurotóxicos y hormonales, y el clorpirifos, prohibido en el Perú por su relación con trastornos neurológicos y enfermedades como el Parkinson. La concentración de estos químicos en la cáscara de la fruta superaba en 460% y 300% los Límites Máximos de Residuos (LMR), respectivamente.
El caso de las fresas fue particularmente preocupante, ya que los análisis detectaron fipronil y clorfenapir, dos agroquímicos prohibidos en la Unión Europea debido a su alto nivel de toxicidad para el sistema nervioso y el hígado. Las concentraciones halladas superaban hasta en 1300% y 380% los LMR establecidos en Perú, respectivamente, lo que indica un nivel de exposición peligrosamente elevado.
El hallazgo reciente en piñas vendidas en mercados de Lima confirma que la exposición a pesticidas peligrosos no es un caso aislado, sino un problema sistémático. A pesar de la evidencia sobre sus riesgos para la sald humana, el uso de pesticidas prohibidos sigue siendo común en la agricultura peruana debido a una legislación permisiva.
El Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) permite la comercialización de estos agroquímicos sin exigir una evaluación periódica de sus riesgos, lo que permite que productos altamente tóxicos sigan en circulación. Además, los controles en los mercados locales son escasos, a diferencia de las regulaciones estrictas aplicadas a las productos de exportación, dejando a los consumidores peruanos vulnerables ante sus riesgos.

A pesar de su prohibición en otros países, el uso de estos pesticidas en la agricultura continúa, exponiendo tanto a los trabajadores del campo como a los consumidores. Sin saberlo, miles de peruanos ingieren estos residuos químicos al consumir estas frutas o preparar refrescos con su cáscaras, en el caso de la piña.
A largo plazo, el impacto en la salud de la población podría ser devastador. Estudios científicos han vinculado la exposición crónica a pesticidas con enfermedades neurológicas, problemas hormonales e incluso cáncer (sobre todo, por exposición al clorfenapir y el clorpirifos). Sin embargo, hasta ahora no hay un plan de acción claro del Gobierno para reducir esta exposición a productos contaminados.
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