Magdalena Suárez habla de la censura a las obras referentes a la historia del Perú: “No se debe perseguir un libro, porque un libro no es una bomba, un libro no explota, un libro no te va a convertir en terrorista”

La doctoranda reflexiona sobre las dificultades que se viven en el mundo editorial y los constantes ataques o censuras, además de la necesidad de reivindicar el pensamiento crítico y conocimiento histórico en los peruanos a través de la lectura.

Arte: Maricielo Rivera

Magdalena Suárez Pomar es egresada de la maestría en Estudios Literarios de la Universidad de Buenos Aires, además cofundadora de Ediciones Achawata, una de las propuestas editoriales independientes de mayor impacto político y cultural en el Perú actual. En la entrevista nos comentó algunas dificultades que atravesó para publicar libros históricos.

—Esta semana vi en tus redes sociales que habías participado en presentaciones culturales en EE.UU. ¿Vives allá?

Sí, vivo aquí por el doctorado que curso, este es mi cuarto año, y participo de actividades estando aquí. Esta semana hubo una presentación en Chicago, en una librería muy bonita que se llama ‘Pilsen Community Books’, que es una cooperativa donde los trabajadores son los dueños y trabajan de esa forma; su proyecto es que cada persona que trabaje allí tenga la posibilidad de poseer una parte de las acciones. Es bien chévere, porque la librería está en un barrio latino de Chicago y hacen actividades para la comunidad latina, y, últimamente, eventos pro-Palestina; están súper atractivos y tienen un catálogo bellísimo de libros de izquierda. Vi ahí un libro hermoso de Michael Löwy sobre las revoluciones en fotografías, con todos los procesos revolucionarios en fotos. Salió bien bonito y hubo mucha gente interesada en el libro.

—¿Cómo nació la idea de fundar Achawata junto con César Coca?

Él y yo ya veníamos haciendo varios proyectos relacionados con la realidad social, activando primero desde el campo literario con una revista de crítica literaria; luego, más desde las comunicaciones con nuestro programa de entrevistas en el 2021, con el cual cubrimos las elecciones presidenciales y congresales de ese año. Entrevistamos a muchos candidatos presidenciales y a gente que después estuvo en el Congreso. Se llamaba ‘Mírame cuando te hablo’ y entrevistamos incluso a Pedro Castillo antes de que fuera elegido presidente; viajamos hasta Huancavelica para entrevistarlo. Teníamos mucho interés por cubrir espacios de la realidad nacional de manera crítica. Fue así que identificamos un vacío en el campo editorial peruano: dijimos que hay muchos libros del siglo pasado que ya no están circulando. Evidentemente, si investigas el proceso editorial, ves que si un libro tira mil ejemplares o lo que tire, eventualmente va a dejar de circular. Había muchos libros importantísimos que solo tuvieron una edición o que ya no circulaban, y para nosotros era interesante volver a ponerlos en circulación. Era un tema de interés propio, de volver a leer y acceder a una edición chévere de esos textos, imaginando que mucha gente compartía ese interés. 

— ¿Cómo escogieron publicar ‘Huilca: Habla un campesino peruano’, el primer libro que tiene Achawata?

Identificamos el testimonio, que es un género muy interesante y pone en discusión la vida de personas que tuvieron un rol importante en el desarrollo histórico pero desde la vida cotidiana, como cargadores y sujetos que en el argot académico suelen llamar subalternos. A nosotros no nos gusta usar esa palabra; realmente creemos que son actores sociales en su mayoría marginalizados cuyos relatos, por no tener acceso a la tecnología letrada, son plasmados en un libro a través de intermediarios intelectuales.

Así, volvimos a leer el testimonio de Saturnino Huilca, un líder campesino peruano que en los años 60 tuvo un rol fundamental antes, durante y después de la Reforma Agraria. Con todo lo problemático que puede ser esto, recordemos que Huilca gana en 1974 el premio Casa de las Américas en la categoría testimonio, que justamente institucionalizó este premio, jamás se encontraron los originales del trabajo que hizo Hugo Neira. Huilca era monolingüe quechua, no hablaba castellano, así que esa entrevista fue en quechua con ayuda de traductores. Nunca vamos a poder comprobar si Huilca realmente dijo lo que se publicó.

Dijimos que sería interesante volverlo a leer, porque solo tenía la edición de Casa de las Américas y ya no circulaba, así que decidimos empezar la editorial reeditando este libro. Nos contactamos con la esposa de Neira y averiguamos los pasos; nosotros éramos muy nuevos en el sector editorial y tuvimos que aprender muchísimas cosas. Nos metimos al mundo editorial y aprendimos todo desde cero. No teníamos conocimientos de derechos de autor, imprenta ni nada; nos tiramos a una piscina vacía; y así publicamos el primer bebé de Achawata: ‘Huilca: habla un campesino peruano’ el 18 de agosto de 2021.

—Y con la colección Biblioteca Popular ¿cómo fue el proceso de selección?

Queríamos generar espacios de debate, presentaciones y reflexiones. En ese proceso nos dimos cuenta de que no bastaba con abaratar los libros si el formato seguía siendo el de un libro tradicional. El libro de Velasco en tapa dura, con dossier fotográfico en papel cuché y sobrecubierta, lo vendíamos a 69 soles, un precio imbatible para esa calidad, pero pensamos en personas que querían leer a precios aún más bajos. Nos inspiramos en los proyectos del siglo XX como los ‘Populibros’ de Manuel Escorza, los de Alejo Carpentier o las ediciones de Juan Mejía Baca, que tiraban 20000 ejemplares a precios bajísimos para masificar la lectura.

Achawata llenó un vacío. Nosotros hacemos circular el contenido desde la difusión y el compromiso social. Tras dos años de trabajo nació la Biblioteca Achawata, un proyecto que dirijo y que busca poner en circulación masiva a autores y autoras que fundaron el pensamiento crítico nacional: Mariátegui, Vallejo, Haya de la Torre, Clorinda Matto, María Jesús Alvarado, Dora Mayer, entre otros.

Buscamos publicar textos que no circulaban desde el siglo pasado. Por ejemplo, ‘Cien años de vida perdularia’ de Abelardo Gamarra “El Tunante”, un librazo comparable a ‘Horas de lucha’ de Manuel Gonzáles Prada. Este último escribió en 1909 algo que parece describir el Perú actual, Gamarra imagina un país llamando “pelagatos” a sus autoridades y funcionarios donde absolutamente nada ha cambiado. Hay libros muy citados en discursos presidenciales, como los de Mariátegui, pero poco leídos. Eso demuestra que existe un público deseoso de leer los materiales. La gente no lee no por falta de interés, sino por falta de acceso a materiales que cuestionen la realidad social.

La idea era esta, recuperar la genealogía del pensamiento crítico y mostrar que las discusiones actuales no nacieron ayer. Incluso el pensamiento conservador tiene una genealogía racista y clasista interesantísima de leer para debatir. Queríamos poner estos textos en formatos sencillos al precio más barato del mercado: no existe otro proyecto en el Perú del siglo XXI que ponga libros de buena calidad y bien editados a 10 soles.

—Siguiendo con las publicaciones, ¿de qué manera escogieron publicar el libro de Víctor Polay Campos?, ¿tuvieron algún acercamiento con él?

Quiero ser muy precisa con esto, porque hay una investigación preliminar en la Dircote por esta publicación. No hubo nunca un contacto con el autor, porque Víctor Polay Campos está preso, condenado por terrorismo, cumpliendo una pena de 35 años de privación de la libertad. Condena que, por cierto, ya se cumplió este año, por lo que en un país democrático que honra sus leyes debería estar libre; pero hace mucho que perdimos la democracia.

No hubo contacto con él, porque está incomunicado y solo sus familiares directos tienen acceso a las visitas. Medios masivos y streamers sugirieron que Polay iba a solicitar un auditorio o aparecer en la Feria Internacional del Libro (FIL) para presentar su libro, lo cual era imposible y solo buscaba manipular la opinión pública y sembrar miedo.

El texto ya estaba publicado de forma íntegra y de acceso público en el repositorio digital ‘Archive’. Además, en 2021, la editorial colombiana Ícono sacó la edición ‘Revolución en los Andes: Desde la prisión Víctor Polay responde’, con comentarios de Pepe Mujica y prólogo del historiador Antonio Zapata, quien también fue citado como testigo a la Dircote por este texto.

“Que hayamos decidido publicar a Polay Campos no significa que lo estamos romantizando, significa que es necesario conocer las razones que llevaron a un grupo de gente a la vía armada. Es necesario conocer, porque es la única forma de no volver a repetir ese periodo tan sangriento para la historia peruana”

—¿Dentro de Achawata, tuvieron un debate interno sobre si publicar o no a Polay?

Tuvimos una conversación sesuda y un debate interno grande. Primó la postura de que en una sociedad democrática no se pueden censurar voces incómodas. Publicar el testimonio como documentos histórico no significa adherir a su posición ni hacer apología. Nuestro interés era poner el texto en circulación para su examen y discusión crítica. Lo que ocurrió en la FIL fue un incidente lamentable de censura y amedrentamiento. Somos socios de la Cámara Peruana del Libro desde hace cuatro años y pagamos una cuota mensual. La Cámara es una asociación privada que se debe a sus asociados, no a las empresas auspiciadoras.

Como todos los años, presentamos nuestra programación de actividades culturales. En 2025, teníamos ocho eventos aprobados, entre ellos la presentación de ‘Revolución en los Andes’ con una mesa integrada por el historiador Antonio Zapata, la antropóloga Natalí Durand y César Coca Vargas. La directora de actividades culturales estuvo enterada desde el primer día. Durante la negociación de horarios, ella me propuso la fecha del 29 de julio a las 4:00 p.m. Acepté porque era feriado y facilitaba la asistencia de público. Jamás se programó con un afán de provocación por ser Fiestas Patrias. Así lo aprobó la Cámara y la actividad salió impresa en el periódico oficial de la FIL. El problema empezó cuando difundimos el afiche en redes sociales. Diarios como Perú 21, El Comercio y Expreso sacaron notas alarmistas afirmando falsamente que Polay se iba a presentar en la feria. Luego, empresarios como Erasmo Wong y entidades como el BBVA habrían amenazado a la Cámara con retirar sus auspicios si se realizaba el evento.

La Cámara Peruana del Libro cedió a las presiones económicas en lugar de respaldar a su asociado. Emitieron un comunicado cancelando la presentación “por razones de seguridad”. Cuando pedimos explicaciones a los directivos, el gerente recurrió a una narrativa efectista que no correspondía a un debate académico. Realizamos un acto de protesta en nuestro stand leyendo un pronunciamiento. Se aglomeró muchísimo público en apoyo. Recibimos el respaldo de más de 160 intelectuales, editores y escritores nacionales e internacionales a través de una carta pública.

—¿Fue durante este acto de protesta que la Dircote incauta el stand en la FIL?

El jueves 1 de agosto de 2025 sufrimos la intervención policial de la Dircote. Veinte policías uniformados entraron corriendo al stand de forma violenta y prepotente para notificar una denuncia anónima por apología al terrorismo y requerir un ejemplar del libro. No hubo una incautación como tal, pero el despliegue policial fue un show mediatizado para intimidar a una editorial independiente que siempre se ha posicionado críticamente frente al poder.

Existía el antecedente de la editorial Mano Alzada, que publicó las memorias de Abimael Guzmán y fue clausurada tras una persecución penal. Hay diferencias sustanciales: En primer lugar, Mano Alzada no tenía un proyecto editorial consolidado previo, aunque considero que no se debe perseguir un libro porque un libro no es una bomba, un libro no explota y, en segundo lugar, un libro no te va a convertir en terrorista.

“Ese año, que pasa todo ese escándalo, el Ministerio de Cultura nos negó la posibilidad de hacer ‘La Simiente Roja’, que como todos los años, lo hacíamos en la Casa Museo José Carlos Mariátegui, y nos sacaron de la Feria Internacional del Libro de Huancayo, la cual también es dirigida por el Mincul junto con el Gobierno Regional de Huancayo”

—¿Cómo evalúas la reciente llegada de Keiko Fujimori a la presidencia?

Para mí y para quienes apostamos por un pensamiento crítico en el Perú, volver a ver a un Fujimori en la presidencial no solo es un golpe profundo; es una señal alarmante del nivel de olvido al que ha llegado nuestra democracia. La memoria colectiva debería ser un pilar fundamental para sostener las instituciones; sin embargo, nos encontramos frente a una tremenda amnesia histórica, donde parece que una parte importante del país decide olvidar deliberadamente las atrocidades cometidas en el mandato de Alberto Fujimori. Ella es la heredera directa de la dictadura de su padre, de un régimen que desmanteló el Estado de derecho y cometió crímenes atroces. Que la hija del dictador llegue al poder representa una burla flagrante a la memoria y a la dignidad de miles de personas a quienes se les violaron sistemáticamente sus derechos humanos durante los años noventa: las víctimas de las esterilizaciones forzadas, las familias de La Cantuta y Barrios Altos, y tantos actores sociales y campesinos cuyos reclamos fueron silenciados o criminalizados.

—En los últimos meses se ha reavivado la controversia por los intentos de reestructuración del Lugar de la Memoria (LUM). ¿Qué posibles riesgos ves en la conservación de la memoria histórica del Perú y la intervención que se busca impulsar desde el Ejecutivo?

Hace unos días vi el video que grabó Rosangella Barbarán y claramente su caso nos hace pensar en estas cifras tan bajas en comprensión lectora que tenemos actualmente como país, porque la señora tiene un severo problema de comprensión lectora. También nos hace pensar que es necesario dar la lucha para que la historia no sea modificada. La historia tiene que presentar las voces de todos los actores que participaron en cierto momento histórico, y eso no significa censurar, no significa clausurar, significa leer críticamente los procesos históricos del Perú. Con respecto al LUM, desde el mandato de Dina Boluarte, se ha venido relegando. Antes se hacían conferencias, se proyectaban películas, muestras de teatro, ahora el LUM parece un fantasma. De verdad me da pena, porque si un país no tiene un lugar de la memoria, no tiene un lugar donde recordar, no tiene un lugar donde pensar críticamente sus procesos históricos.

“Lo que quieren hacer es jugar con el olvido y jugar con la impunidad que ese olvido permite”

Fiorella Sánchez Zárate

Estudiante de Periodismo en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Redactora periodística y Comunicadora frente a cámaras en el medio digital Departe.

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