Batalla de Arica: Una batalla perdida que nos dejó símbolos de unidad

Arte: Zarai Ocsa

Nunca he visto el 7 de junio únicamente como una fecha militar, pues cada vez que llega esta conmemoración, me pregunto cómo una batalla perdida produjo algunos de los símbolos más poderosos de la peruanidad. La respuesta, desde mi punto de vista, tiene menos que ver con la guerra que con la necesidad de toda nación de encontrar referentes en sus momentos más difíciles: hace 146 años, la Batalla de Arica ayudó a dárselos al Perú. 

A lo largo de la historia, algunas derrotas militares han trascendido su resultado en el campo de batalla. Ocurrió en las Termópilas, en Kosovo, en Varsovia o en El Álamo. En todos esos casos, la derrota se convirtió en un relato capaz de moldear la identidad de generaciones enteras, con protagonistas que dejaron de ser combatientes para convertirse en símbolos, con fechas y lugares donde cayeron que adquirieron un significado que, irónicamente, sobrevivió a la batalla.

Arica ocupa un lugar similar en la memoria peruana, no solo porque allí se libró uno de los episodios más dramáticos de la Guerra del Pacífico, sino porque nos dio algunos de los referentes sobre los que todavía descansa una identidad nacional. Bolognesi, Ugarte y tantos otros trascendieron este episodio histórico para convertirse en personajes de una narrativa colectiva que los peruanos seguimos compartiendo, incluso cuando discrepamos sobre casi todo lo demás.

Quizás por eso la batalla conserva una vigencia que va mucho más allá de los libros de historia pues cada generación ha encontrado una manera distinta de leerla. Para algunos representa el sacrificio; para otros, el deber; y para otros, la lealtad a una causa incluso cuando la derrota parece inevitable. Lo importante es que el episodio aún produce significado, nos permite crear perspectivas de quiénes fuimos y quiénes creemos ser.

En una época en la que las identidades parecen cada vez más fragmentadas y los consensos nacionales más escasos, resulta llamativo que un acontecimiento ocurrido hace 146 años continúe ocupando un lugar tan marcado en nuestra memoria colectiva, pues no abundan los símbolos capaces de atravesar tantas generaciones sin perder relevancia.

Probablemente esa sea la razón por la que la Batalla de Arica me sigue pareciendo tan fascinante: no porque necesitemos más desfiles, ceremonias o discursos patrióticos, sino porque nos obliga a preguntarnos qué cosas siguen uniendo a los peruanos, qué historias seguimos considerando nuestras y qué nombres continúan despertando respeto incluso en medio de nuestras diferencias.

El Perú encontró algunos de sus referentes más duraderos en la cima de un morro perdido hace 146 años. Desde entonces, generaciones enteras han aprendido esos nombres y han encontrado en ellos una idea, imperfecta pero persistente, de lo que significa ser peruanos.

Ricardo Colos Coronado

Estudiante de Periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Redactora periodística en Departe.

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