‘El Apego’ y la carga invisible del cuidado familiar

¿Alguna vez has sentido que el amor empieza a pesar más de lo que puedes cargar? En ‘El Apego’, el unipersonal escrito por el dramaturgo argentino Emiliano Dionisi, un hijo deja su vida en pausa para cuidar a su padre anciano. La obra, dirigida por Fito Valles y protagonizada por Emanuel Soriano, retrata ese momento en el que los roles familiares se invierten: cuando quien alguna vez cuidó empieza a necesitar cuidados.

Arte: Zarai Ocsa

La primera temporada de la obra tuvo apenas tres funciones en la Casa Yuyachkani. La segunda, realizada en el Teatro de Lucia entre mayo y junio de 2026, agotó todas sus localidades semanas antes de su estreno. La Flecha, productora de esta obra, informó el 10 de julio que más de 4500 personas vieron la obra en Lima y ahora se prepara para una gira por provincias. 

En un país donde solo el 8,6% de las personas mayores de 14 años asistieron al teatro durante el 2024, el éxito de ‘El Apego’ me parecía casi una anomalía. El 41,8 % de quienes sí fueron al teatro lo hizo apenas una vez al año. Entonces, ¿cómo era posible que las entradas desaparecieran en cuestión de horas? Debía conseguir la mía lo antes posible, aunque eso parecía casi imposible, ya que algunas funciones se agotaron en menos de una hora.

Según la infografía ¿Cómo vamos en el consumo de teatro en el Perú?, publicada por el Ministerio de Cultura en marzo de 2026, el 41,8 % de las personas mayores de 14 años que asistió al teatro durante el 2024 lo hizo apenas una vez al año. El Apego, sin embargo, parece escapar de esa estadística. Algunos espectadores comentaron que no solo fueron a verla una vez.  (Foto: Diario Correo)

La del Teatro NOS fue la ganadora. Encontré entradas disponibles y, unas horas después, también se habían terminado. Tuve el tiempo justo para conseguir una en una zona, que en cualquier otra ocasión, no hubiera comprado. ¿La obra sería realmente tan buena o el culpable de aquel furor tenía nombre y apellido: Emanuel Soriano?

La entrada era para el 4 de julio, y esperé con ansias que esos 38 días restantes pasaran rápido. Cuando llegué al Teatro NOS, Lima estaba gris. Más tarde, afuera, la tranquilidad con la que había decidido mirar mi propio futuro se iba a deshacer en agua. Minutos antes de que comenzara la función, algunos conversaban y reían en sus butacas. Entonces Emanuel Soriano entró al escenario con una chaqueta verde y silenció todo con su presencia. La obra había comenzado. Todavía no sabíamos que, en poco más de una hora, ese hombre nos haría reír y llorar. 

Durante la función, vi algunos ojos vidriosos entre las butacas. Tal vez alguien estaba viendo su propia realidad. Tal vez la que algún día le tocaría vivir. Tal vez reconocía la historia de sus padres o de alguien de su familia. Quizá la obra estaba despertando un recuerdo lejano, uno que había permanecido guardado durante años. O quizá no. No podía saberlo, pero mientras miraba a la gente, pensé que cada uno podía estar viendo una historia distinta dentro de la misma obra.

Llegué al teatro con la idea de ver una obra sobre la vejez, pero ‘El Apego’ no empieza hablando de eso. Inicia hablando del amor, de ese que es difícil de sostener,  que cuando se mezcla con la culpa, la gratitud y el miedo, puede convertirse en una responsabilidad difícil de sostener. 

Durante la función, Emanuel Soriano permanece prácticamente solo en escena. No necesita una escenografía gigantesca ni demasiados artificios. Le basta una casa, algunos objetos y un cuerpo que parece cargar con mucho más de lo que puede soportar. Se mueve entre los recuerdos y las tareas del presente. A veces aparece el humor, otras veces, la rabia, y también la nostalgia. Pero debajo de todo permanece el cansancio, que no siempre se dice en voz alta porque, cuando se cuida a alguien que se ama, quejarse puede parecer una forma de traición.

La obra no romantiza el cuidado. El protagonista deja de lado a su pareja, ha detenido sus proyectos y se sumerge en una rutina de medicinas, pagos interminables y preocupación. Trabaja excesivamente para poder sostener los gastos, lo que reduce su vida al cuidado casi exclusivo.

Este no es un caso aislado pues investigaciones en Lima que utilizan la escala de Zarit revelan que la sobrecarga intensa afecta a entre el 45% y el 53% de los cuidadores. Esa cifra no representa únicamente un número, sino a personas que, como el protagonista, han dejado de ser hijos para convertirse en cuidadores, personas que han pausado sus vidas sin saber cuándo podrán reanudarlas.

Hay obras que terminan con el último aplauso. El apego, en cambio, continúa en el camino de regreso. Hasta ahora se ha presentado en más de cinco teatros y sigue buscando nuevos escenarios donde encontrarse con el público. (Foto: Instagram de La flecha)

‘El Apego’ no llega al escenario para ofrecer soluciones, tampoco para juzgar. No dice si está bien o mal haber dejado la propia vida para cuidar a alguien. Solo muestra el costo de hacerlo. “La obra surge con la necesidad de corporalizar un vínculo. La dependencia de las personas, hasta dónde nos puede llevar el amor por el otro, la gratitud o el desprecio. Los roles de la vida que todo el tiempo están cambiando”, expresó Dionisi, escritor de la obra. En escena, ese vínculo se vuelve visible en el cuerpo agotado y en una rutina que, poco a poco, termina ocupando toda la vida del protagonista.

Entonces, ¿la obra ha hecho sold out por el actor? La actuación de Emanuel Soriano es, sin duda, parte de la respuesta. Bajo la dirección de Fito Valles, consigue que la impotencia, el cansancio, la culpa y la rabia atraviesen la sala. No interpreta el agotamiento, sino que parece cargarlo en el cuerpo. La puesta en escena, íntima y sin artificios innecesarios, deja que cada gesto tenga peso. Soriano consigue ser más que un personaje en escena, se vuelve alguien que podría estar sentado junto a nosotros, intentando sostener una vida que se le desarma entre las manos. 

Cuando terminó la función y salí de aquel teatro de butacas azules, recuerdo que todavía tenía dos horas de camino hacia mi casa, mientras la gente corría a los taxis para no mojarse por la lluvia. 

La obra ha terminado, pero una pregunta se quedó conmigo y me acompañó durante todo el regreso: ¿quién cuidará de nuestros padres cuando envejezcan? Y, sobre todo, ¿qué estamos dispuestos a dejar de nosotros mismos para cuidar de quien alguna vez lo dejó todo por nosotros? ‘El Apego’ no habla únicamente de la vejez. Habla del amor imperfecto: del amor que cuida, pero también agota; del amor que puede salvarte y, al mismo tiempo, hacerte olvidar quién eras antes de empezar a cuidar.

Nikoll Benavides

Egresada de Comunicación y Periodismo de la Universidad Privada del Norte. Redactora y cronista con experiencia en medios culturales, con colaboraciones en periódicos digitales e impresos como El Comercio y El Peruano. Productora del videopodcast cultural Séptimo Portal. Actualmente redactora periodística en Departe.

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  • Egresada de Comunicación y Periodismo de la Universidad Privada del Norte. Redactora y cronista con experiencia en medios culturales, con colaboraciones en periódicos digitales e impresos como El Comercio y El Peruano. Productora del videopodcast cultural Séptimo Portal.
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