Mientras miles de usuarios consumen tendencias musicales en TikTok, Ashley Méndez encontró una forma distinta de participar en ellas: interpretar reggaeton, salsa, bachata, dembow o trap en lengua de señas, transformando cada canción en una experiencia accesible para personas sordas y despertando el interés de miles de usuarios por aprender este idioma.

Detrás de cada video viral en redes sociales hay una historia que explica por qué su contenido conecta tan rápido con la audiencia. Ashley Méndez, estudiante en República Dominicana, es hija oyente de padres sordos —conocida en la comunidad como CODA (Child of Deaf Adults)—. Desde bebé se comunicó con sus padres a través de señas antes que con palabras, lo que incluso hizo que le tomara más tiempo desarrollar el habla oral al ingresar al colegio. Con los años, al ser la hija mayor, asumió el rol de intérprete familiar en el banco, el hospital o el médico, en un país donde, según cuenta, la inclusión para personas sordas todavía es escasa.
Ese vínculo cotidiano con la lengua de señas y sus interpretaciones de canciones que hacía como pasatiempo desde pequeña fue lo que la llevó, casi por curiosidad, a subir su primer video interpretando una canción. «Yo sé lengua de señas, ¿por qué no?», fue la idea con la que se animó a publicar. Poco a poco adaptó el formato a diferentes géneros musicales, un contenido que, según explica, prácticamente no existía en TikTok Latinoamérica, y así comenzó a construir una comunidad propia.
A diferencia de una simple traducción, realiza una mezcla entre interpretación y traducción que, dentro del mundo de la lengua de señas, no siempre es igual. Su método de trabajo parte de aprenderse la letra de memoria antes de grabar, para poder «sentir» la canción y transmitirla de forma natural, algo que, asegura, es la clave para que el resultado se vea genuino y no mecánico. Esa autenticidad, sumada a su forma espontánea de mostrarse frente a cámara, es parte de lo que ha hecho viral a varios de sus videos, incluido uno que supera los 15 millones de likes.
Su alcance no solo se mide en cifras: varios usuarios le escriben para pedirle que interprete canciones específicas, pedidos que ella misma revisa y, si conecta con el tema, termina llevando a video. Ashley reconoce que aprender lengua de señas de forma estructurada suele ser costoso y poco accesible en la región. Por eso, su contenido —gratuito, dinámico y cercano— se ha convertido para muchos en una puerta de entrada a esta lengua; algo que, señala, no es tan común entre otros creadores que abordan el tema de manera más didáctica y menos emocional.
En cuanto a sus proyectos, Ashley no descarta ampliar su formato hacia contenido más educativo, sin perder la esencia dinámica que la caracteriza. Su caso demuestra que las redes sociales, además de ser un espacio de entretenimiento, pueden convertirse en un puente real hacia la inclusión, visibilizando a una comunidad que rara vez ocupa un lugar central en las tendencias digitales.
