En Putja, Eledonio Alaya, luego de muchos años de trabajar en minas, ha levantado con sus propias manos un espacio cultural donde la piedra, el mármol y la tradición andina se transforman en arte, memoria y experiencia turística.

En medio de las montañas de Putja, ubicado en Jauja, se encuentra Tutanya, un espacio construido entre piedra, puentes colgantes y esculturas talladas a mano. Detrás de cada detalle está Eledonio Alaya, un artesano de 63 años que convirtió el esfuerzo manual y la creatividad en un proyecto cultural propio.
El recorrido por Tutanya no se parece al de un museo convencional. Desde la entrada aparecen enormes rocas talladas, figuras abstractas, minerales, esculturas y puentes hechos artesanalmente. Todo el trayecto ha sido trabajado por Alaya, quien utiliza herramientas simples como el cincel y el combo para moldear piedra, mármol y travertino. Gran parte de los materiales utilizados provienen de zonas alejadas de Putja que el artesano prefirió no mencionar.
Además de las esculturas y estructuras del recorrido, Alaya también realiza trabajos de tallado por encargo. Algunos proyectos pueden tardar hasta 20 días, dependiendo del material y la complejidad de la obra. Asimismo, explicó que buscaba ampliar Tutanya con un futuro restaurante temático que mantuviera la misma estética artesanal y cultural del espacio.
“Es un trabajo incomprendido”, comentó mientras mostraba varias de sus construcciones. Celedonio indicó que, en varias ocasiones, muchas personas no entendían sus proyectos y lo consideraban “loco” por intentar levantar puentes, esculturas y espacios artísticos en medio del paisaje natural.
Sin embargo, esa visión personal es precisamente la que dio origen a Tutanya. El nombre, según explicó, hace referencia a la oscuridad de la madrugada andina, a esos momentos previos al amanecer conocidos localmente como “tuta”.
Más allá del aspecto artístico, el espacio también funciona como un punto de conexión con relatos y símbolos de la cultura andina. Durante el recorrido se visualizan referencias al pishtaco, caminos preincaicos, dibujos rupestres y antiguos relatos populares de la sierra central. Para Alaya, el arte no está separado del territorio ni de la memoria colectiva.
Más que un atractivo turístico, Tutanya representa un proyecto construido desde la perseverancia personal, según relató: “el arte tiene que dialogar con la naturaleza”.
