Tras la confirmación de los galardonados de la 98.ª edición de los Premios Óscar, la conversación se ha visto marcada en torno a la derrota de Timothée Chalamet en la categoría de “Mejor Actor”. En esta columna exploramos los motivos y razones detrás de la decisión de la Academia: ¿arrogancia?, ¿falta de trayectoria?

Un claro síntoma de polémica tras una votación tan relevante como la de los Premios Óscar es que la conversación termine centrada en quién fue el perdedor de la noche más allá que en los propios ganadores. Ese parece ser el caso de la 98.ª edición de los Óscar, una ceremonia que vuelve a poner el broche de oro a la temporada de premios del cine.

Hace un par de meses, la conversación tenía un rumbo muy distinto al actual. Marty Supreme era visto como el proyecto que confirmaba la importancia de Timothée Chalamet en la industria y sus más que explícitas ganas de como él mismo ha señalado: “pertenecer a la grandeza”. “Glorioso”, “magnífico” y “emocionante” eran solo algunos de los adjetivos que rodeaban su actuación, impulsando la idea de que podía convertirse, a tan temprana edad, en uno de los ganadores del Premio Óscar.

¿Qué ocurrió? ¿Cuáles son las razones en la (actualmente) obvia derrota de Timothée Chalamet ante Michael B. Jordan en la categoría de “Mejor actor”?. Los motivos son variados, sin embargo en esta columna de opinión nos encargaremos de explorar los principales.
Campaña
Si algo hizo memorable a Marty Supreme, más allá de su frenética historia capaz de volver interesante los sueños frustrados de un jugador de ping-pong, fue la campaña de publicidad que la acompañó. La apuesta por trasladar el universo del filme a la vida real se tradujo en la venta de merchandising inspirado en el proyecto, así como en una serie apariciones en festivales con cabezas de ping-pong flotantes, intervenciones visuales en la gigantesca pantalla esférica Sphere o incluso la aparición de Timothée Chalamet en la canción de hip-hop “4 Raws” del artista británico EsDeeKid.
Sin embargo, aunque en un primer momento esta estrategia logró encapsular la conversación en un sentimiento de epicidad pocas veces visto en un estreno de este tipo, con el paso de los meses también generó una sensación de fatiga y sobreexposición alrededor del filme. La discusión comenzó a alejarse progresivamente de la película y de la actuación de Chalamet para centrarse casi exclusivamente en la maquinaria promocional. En otras palabras, la campaña terminó logrando que se hablara más de Timothée que de Marty Supreme.

Trayectoria
Es común que los Premios Óscar premien a actores que rondan, en promedio, los 48 años. Aunque esta cifra pueda parecer relativamente cercana a los 39 años del actual ganador, Michael B. Jordan, la distancia se vuelve mucho más evidente si se compara con los 30 años de Timothée Chalamet.
Y aunque la edad termina siendo un factor, por lo menos, curioso, lo cierto es que la Academia suele inclinarse por intérpretes que cuenten con una trayectoria considerable dentro de la industria del cine. ¿Es este acaso un punto débil en el caso de Chalamet? En absoluto. A pesar de su corta edad, el actor estadounidense ya acumula una filmografía destacada con títulos como Call Me by Your Name (2017), Lady Bird (2017), Beautiful Boy (2018), Little Women (2019), Dune (2021), Bones and All (2022), A Complete Unknown (2024) y Dune: Part Two (2024).
Sin embargo, también es posible comprender la decisión si se observa el nivel de competencia dentro de la categoría de “Mejor Actor”. En la misma contienda figuraban intérpretes como Leonardo DiCaprio, Michael B. Jordan, Sean Penn y Wagner Moura, actores con trayectorias consolidadas y actuaciones que lograron posicionarse con fuerza durante la temporada de premios.
Aun así, este argumento podría describirse como uno de los puntos más frágiles al intentar justificar la decisión de la Academia. ¿Fue simplemente su edad?

Declaraciones y narrativa de la Academia
Definitivamente, no. No fue la campaña publicitaria ni la “ausencia” de trayectoria. Si existe un factor clave en esa conversación para saber quién fue el que le arrebató el Óscar a Timothée Chalamet, es simple: él mismo.
Cada minuto que parecía que Timothée tenía el micrófono, parecía un peligro inminente de perder aquel galardón. La serie de declaraciones polémicas e incómodas, refiriéndose al ballet y al teatro, resultaban hasta cierto punto irónicas, recordando que gran parte de su importancia en el mundo actoral surgió gracias al semillero que significó para él el teatro.
En sus declaraciones y en su campaña se veía encubierto un ego tan masivo que, tal como su campaña publicitaria buscó hacer, fue sacando poco a poco a Marty Supreme de las pantallas y colocándolo en la vida real. Lamentablemente, este discurso no solo pareció quebrar el corazón de sus más fieles fans, quienes comentaban ver cómo aquel niño tan risueño se convertía en una figura egocéntrica y egoísta.
Sin duda, el más ofendido fue el mensaje que busca ofrecer la Academia: la humildad. Considero que una campaña, un discurso o la mínima intención similar de algún actor de ganar el Óscar de esta forma termina condenando al fracaso. Mucho más allá de que sea correcto o no, el premio está construido alrededor de una historia de humildad actoral: la Academia brinda la oportunidad al actor y el actor agradece. Lamentablemente, Timothée decidió desafiar esta narrativa y salió perdiendo.

